Temores que “matan”

Esta clasificación incluye desde los miedos a los lugares abiertos, altos o cerrados, los objetos puntiagudos, a cruzar calles o puentes, a los relámpagos, el agua, las tormentas, la noche o el fuego, hasta los temores a todo tipo de enfermedades, al dolor, la muerte, a ser enterrado vivo, al contagio, a ruborizarse, a vomitar, a envenenarse, a accidentarse o las hemorragias.
 
También son muy comunes las fobias a todo tipo de animales, como serpientes, insectos, gusanos, ratones, gatos ó perros, a ciertos alimentos como las carnes y alimentos grasos, así como a la sangre, a las inyecciones, al dentista o a atragantarse.
 
Los miedos a la muerte, a la oscuridad, a la suciedad y a los espacios cerrados son otros de los miedos más habituales.

El temor a los lugares llenos de gente o solitarios, abiertos o cerrados, es la fobia más común: representa la mitad de todos los estados fóbicos que reclaman tratamiento específico.

También son frecuentes los miedos irracionales a viajar en avión, y al contacto con los demás y a hablar, comer o beber en público.
 
Las nuevas tecnologías, enfermedades, estructuras familiares y modos de relación entre las personas, generan nuevas fobias como el miedo a la informática o el miedo a lo nuevo, que afecta a las personalidades obsesivas que perciben los cambios como un peligro para el control que mantiene sobre su entorno.

El fóbico llega a configurar su vida eligiendo las actividades que excluyan el riesgo de exponerse al objeto que teme.

Las fobias se mantienen porque cuando la persona se  aleja de lo que le da miedo, su ansiedad disminuye y se siente mejor, y como con su escape elimina lo que le causa malestar, lo repite. Pero como nunca se enfrenta a la circunstancia temida, esta situación jamás deja de provocarle ansiedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *