Quiero tener un hijo y no puedo: los problemas psicológicos asociados a la infertilidad

La incapacidad de tener hijos cuando se quieren tener, resulta ser una de las experiencias más difíciles que debe abordar tanto la persona como la pareja. La realidad es que las personas se ven enfrentadas a una crisis que genera angustia y sentimientos de pérdida significativos. Enfrentarse a un diagnóstico y a un tratamiento produce una sensación de incertidumbre y de falta de control que a menudo gatillan respuestas psicológicas diversas, las que dependerán en gran medida de los recursos psicológicos personales, la relación de pareja, la comunicación de ésta, el estado de ánimo general y eventos situacionales que pueden agregar componentes estresantes a la situación en sí.

El cómo enfrentar la infertilidad y sus consecuencias de forma exitosa dependerá de muchos factores que intentaremos ordenar de forma cronológica y didáctica.

Lo importante es recordar que si uno se siente ansioso, deprimido, fuera de control o aislado, uno no está solo, porque desde un comienzo esto forma parte de dos, y es un proceso dual.

El primer paso

Este siempre se inicia cuando la pareja decide tener hijos, por distintas razones. Una vez transcurrido un tiempo sin que este ocurra -generalmente un año, aunque en muchas ocasiones antes- comienza la preocupación y la duda, son frecuentes las preguntas que no tienen respuestas, y la incertidumbre crece y genera cierto estrés, porque aún nada se sabe al respecto.

Segundo paso

Comienza cuando la preocupada pareja (en ocasiones la mujer) decide acudir al médico porque el tan ansiado embarazo no llega. Y aquí dependiendo del médico y de sus procedimientos comienzan una serie de exámenes porque es necesario saber qué pasa, y comprender a qué nos enfrentamos. Durante este período se mantiene la incertidumbre pero también hay incredulidad, siempre es posible que todo esté en orden y que si hay algún problema este sea menor y de fácil solución.

Tercer paso

El diagnóstico; éste puede ser preciso y puntual pero a veces resulta ser dudoso y se requiere de más exámenes para definirlo de forma asertiva. Sin embargo, el diagnóstico es siempre un comienzo y revela sin lugar a duda que hay un problema, frente a esto la primera respuesta psicológica, es la negación, es decir, “no, esto no puede ser, esto no está pasando” y produce diversos sentimientos: pena, rabia, impotencia, etc.

En esta etapa a menudo la pareja, o al menos uno de sus integrantes, busca información al respecto, se averigua de centros, de médicos, y de posibilidades. Esta búsqueda debería generar calma, pero en ocasiones aumenta más aún la ansiedad, en especial por los altos costos monetarios de los procedimientos (al menos en nuestro país).

Importante es también compartir desde el comienzo los sentimientos, inquietudes y pensamientos con la pareja, ya que ambos están en esta búsqueda.

Sentimientos como culpa surgen de manera inmediata; creer que uno es culpable por tener dificultades para concebir es muy humano, pero es a la vez muy dañino, ya que nadie es responsable, pues nadie eligió tener esa condición física y/o biológica. Culpar al otro puede ser aún peor porque desgraciadamente genera un dolor muy grande, una herida que puede ser obviada pero nunca olvidada. Además estos sentimientos hostiles producen un deterioro en la relación de pareja, que de no ser sanada mediante la comunicación, comprensión y cariño, puede entorpecer el tratamiento posterior.

Es importante experimentar y aceptar todas estas emociones, como parte de la vida en pareja.

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Cuarto paso

Podríamos llamarlo el de la comunicación. Con el diagnóstico en mano se barajan las alternativas de tratamiento en conjunto con el médico (el que idealmente es un experto en la materia), se analizan las posibilidades de la pareja, dependiendo del caso en cuestión, es decir, del problema en sí, y de las posibilidades económicas.

Importante en esta etapa es tener muy en claro las características del método adecuado o elegido, sus consecuencias y efectos secundarios, sus posibilidades de éxito y de fracaso, en caso de que no resultará conocer cual es el procedimiento a seguir. Conociendo cual es la situación y las opciones de tratamiento, se facilitan las decisiones a tomar. No es necesario tomar decisiones apresuradas sino de forma sosegada, y en conjunto con la pareja y el especialista.

Esta etapa se vive de forma dual, por un lado está la esperanza de que todo va a resultar y por otro, se siente una presión, en ocasiones poco definida de que el tratamiento debe resultar. Iniciada esta etapa comienza otra que puede ser entendida como adaptación y aceptación del problema.

Quinto paso

Aceptado el problema, se da inicio al tratamiento. Éste es probablemente el momento de mayor desgaste y nerviosismo; dependiendo del tratamiento también podemos mencionar el malestar físico al que se ven enfrentado generalmente las mujeres, malestares hormonales, dolores abdominales, el ponerse inyecciones y las molestias de los exámenes. Aparecen muchos factores que van a crear cambios en la pareja, los días y el tiempo transcurren en base al tratamiento, las conversaciones y las inquietudes se basan en él, el constante ir y venir de la consulta a la casa, van a generar un ambiente donde todo gira en torna al embarazo, las posibilidades, los avances que se observan, y por supuesto las esperanzas de que todo resulte bien. Todo esto influye en las personas, tal vez no de forma inmediata, pero es posible que aparezcan los primeros síntomas de estrés, ansiedad y/o depresión, más bien ánimo depresivo. En muchas ocasiones las parejas mantienen en secreto todo este procedimiento, a veces es recomendable, en otras es mejor contar con redes de apoyo que puedan servir para desahogar las inquietudes, miedos, y penas.

Es posible también que aparezcan los primeros problemas sexuales, ya que la infertilidad está fuertemente asociada con la sexualidad: el sexo puede transformarse en una rutina mecánica, y programada de acuerdo con el mejor momento para concebir. 

Generalmente estos tratamientos tienden a ser largos, por lo tanto, el desgaste se hace presente y se siente en muchos aspectos, en el trabajo, en el hogar e incluso en la vida social, por esto es necesario que las personas se adapten a esta nueva situación. Generalmente esta adaptación llega y comienza a formar parte de nuestro diario vivir, sin que muchas veces nos demos cuenta. La adaptación siempre requiere de un esfuerzo adicional del organismo, por lo que no es extraño sentirse cansado y muchas veces hasta agotado.

Lo importante es preservar la calma y eliminar elementos estresantes que no sean causa directa del tratamiento, intentar facilitarse la vida en otros aspectos. Descansar más, realizar actividades placenteras, incluso tomarse vacaciones o salir fuera de la cuidad.

Sexto paso

El resultado del tratamiento; aquí el estrés, la curiosidad, las ansias de obtener resultado positivo, generan un grado mucho mayor de nerviosismo y ansiedad que los experimentados anteriormente. Si es positivo estaremos felices, probablemente fortalecidos como pareja, y luego se nos olvidará este mal rato.

Sin embargo, si el resultado es negativo y el tratamiento fracasó, nos vemos enfrentados al peor momento, todas las esperanzas que se tenían son echadas por el suelo, nada sirvió, la sensación que nos invade es a menudo confusa, se siente pena, mucha pena, la que a veces puede ser incluso sentida a nivel físico, aparece el llanto, el descontrol, la desesperanza, la sensación de que nada nos resulta, que no importa los esfuerzos que hagamos, no funciona, no lo podemos controlar por grande que sean nuestros esfuerzos.

Aparece la rabia, mucha rabia, tan inespecífica que puede orientarse hacia todos. Dan ganas de tirar todo por la borda; aparecen los reproches, los que pueden ser dirigidos hacia otros o hacia uno mismo, se siente un vacío, disminuye la autoestima, aparecen los sentimientos de inutilidad. Es muy común que en este punto la pareja se resienta; se siente un quiebre, una distancia, ya que no todos reaccionamos igual, nos sentimos solos e incomprendidos. En este momento hay que detenerse, llorar todo lo que sea necesario, expresar nuestra rabia (de la mejor manera) desahogarnos; la comunicación sigue siendo un punto fundamental, debemos compartir nuestros sentimientos y emociones con quien nos acompaña en este proceso. Lo peor es aislarnos y alejar a los que nos apoyan, es importante tener con quien hablar, lo ideal es que sea alguien que conoce y que haya experimentado este proceso, alguien empático que nos entienda.

Pasado estos primeros momentos, los que tienen una duración personal, es importante meditar, analizar cuál es el camino a tomar, a veces es necesario parar, descansar, tomarse un tiempo, para retomar o iniciar otro o el mismo tratamiento; no hay que tomar decisiones apresuradas, ya que el desgaste emocional es muy alto.

Cuando los fracasos han sido reiterados los sentimientos negativos se van acrecentando, el desgaste emocional es altísimo y es muy posible que el estado de ánimo esté bastante depresivo, es muy posible que las parejas se sientan solas, y que la soledad se apodere más de uno que de otro.

En ocasiones existe aislamiento de parte de la pareja, ya no frecuentan a los amigos, se alejan de las amistades que tienen hijos y de quienes aunque hacen su mejor intento, no los entienden. Llegado a este punto, y con bajas posibilidades de lograr el embarazo, es necesario detenerse a pensar, analizar y valorar que hay otras posibilidades de ser padres, esta es la adopción. Sin embargo, esta debe ser una decisión personal de la pareja, donde juntos van a iniciar otro proceso, muy distinto y en ocasiones muy largo, donde deben evaluarse muchos factores, para poder tomar una decisión responsable e iniciar una nueva etapa dentro del marco legal que cada país impone.

También es importante recordar que se puede ser feliz sin hijos, que si bien los niños representan la culminación de un proyecto en conjunto, es posible disfrutar de la vida, mientras se espera su llegada o si definitivamente se ha optado por cancelar ese deseo y continuar adelante como pareja y como familia.

Si te encuentras en una situación parecida no dudes en ponerte en contacto. 

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