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El fantasma de las relaciones de pareja: Los celos

¿Qué son los celos?

Cuando una pareja presenta los celos como un problema persistente, suponemos que son parte de ambos miembros de la pareja; y esto surge sin aviso en un momento específico, cuando una de las dos personas se comporta de una manera que activa en sí mismo el miedo a la traición.

La persona celosa adopta una actitud de vigilancia y desconfianza, y la persona vigilada adopta actitudes de reserva y resentimiento.

Los celos hacen que ambos miembros de la pareja pasen por sentimientos de amor y odio, indefensión y agresión, culpar al otro(a) y culparse a sí mismos.

La persona celosa vive en un estado de trance, caracterizado por fantasías, miedos y asociaciones irracionales. También tiende a volverse cada vez más obsesiva y está continuamente preocupada por la ‘‘tercera’’ persona del triángulo amoroso que cree que está entrometiéndose en la pareja.

Los celos a menudo se confunden con la envidia, pero aún cuando ambas están relacionadas, son experiencias diferentes. La envidia es una experiencia que tiene que ver con que la persona envidiosa quiere algo que la persona envidiada tiene como, por ejemplo, éxito, belleza o poder. Los celos se relacionan con la pérdida de la persona amada frente a un supuesto “rival”.

Los celos pueden ir desde lo normal a lo patológico.

  • El primer grado, o lo que se denomina como ‘‘celos normales’’ se refiere a sentirse momentáneamente amenazado por una relación paralela reconocida públicamente.
  • El segundo grado incluye miedos anticipatorios y obsesiones.
  • El tercer grado es lo que se ha descrito como ‘‘síndrome de Otelo’’, una enfermedad basada en distorsiones, ideas sobrevaloradas, paranoia e incluso delirio.

También hay una variedad de situaciones reales que dan lugar a sentir celos “normales” y  hay que tener en cuenta. Por ejemplo, a veces existe una traición real y la persona se siente celosa y amenazada por una razón clara.

Por otro lado, no es ajustado que una persona que está traicionando a su pareja esté preocupado(a) por sus propias fantasías y su culpabilidad; y proyecte sus sentimientos, acciones y deseos en el otro miembro de la pareja, reaccionando a sus proyecciones como si fueran reales y sienta celos. Esto podría denominarse como “celos patológicos”.

Tareas para manejar los celos en la pareja

  1. Crear entre los dos límites que sean aceptables para ambos.
  2. Mantener un balance entre seguridad y libertad, tanto en forma individual como conjunta.
  3.  Manejar las inseguridades personales y las incertidumbres del amor apoyándose en la confianza hacia el otro.

Para una buena relación de pareja…

Para establecer una buena relación de pareja, dos personas deben establecer límites comunes, aceptables y sanos alrededor de su unión y que diferencien su relación de todas las demás. Esta tarea se lleva a cabo adoptando normas sociales y culturales; y a través de una negociación en la que ambos miembros de la pareja estén conformes. Por ejemplo, negociar qué es privado para cada uno y qué se puede compartir.

Para mantener la vitalidad en sus relaciones de largo plazo, la mayoría de las parejas necesitan un balance entre seguridad y libertad.

Sin embargo, las parejas que tienen dificultades con los celos, terminan en extremos opuestos, donde un miembro se siente amenazado por la separación y el otro insiste en el derecho a la libertad.

Enfrentarse al amor

Cuando nos enamoramos debemos saber que pueden darse sentimientos de vulnerabilidad y riesgo con respecto a la persona amada. Debemos enfrentarnos al hecho de que nuestros corazones pueden romperse y podemos perder a la persona amada a causa de la traición, el rechazo, el divorcio, la muerte, etc. En último término, es importante saber que no tenemos control sobre los sentimientos y acciones de la otra persona. Al mismo tiempo, debemos confiar día a día en que podemos contar con la persona que amamos. Para sostener una relación a lo largo del tiempo, debemos manejar estas contradicciones existenciales del amor adulto haciéndonos cargo de nuestros miedos y vulnerabilidades de formas que no sean perjudiciales para la relación, ya que no se puede predecir  nada en cuestiones del amor.

Cuando los miembros de la pareja no logran abordar sus sentimientos desde el punto de vista de lo que es bueno para la relación, los celos pasan rápidamente del miedo a perder a la persona amada, a formas perjudiciales por recuperar el poder y el control, por lo que hay que tener cuidado y no llegar a esto.

Rompiendo con el mito de “cuantos más celos sienta o muestre mi pareja más me quiere”

Es importante saber que los celos no son una muestra de amor. Que tu pareja sienta más celos, no quiere decir que te quiera más, sino que confía menos en ti y son una  muestra de inseguridad nada saludable. Por lo que si tu relación de pareja se basa en los celos es aconsejable trabajar en ello con un terapeuta para acabar con esta problemática y conseguir una relación saludable, ya que el pilar de una relación se basa en la confianza mutua.

Los celos son ‘‘el dragón que asesina el amor fingiendo querer mantenerlo vivo’’ (Ellis, 1922).

¿Cómo afrontar la pérdida de un ser querido? “El proceso de duelo”

Si has perdido a un ser querido, es posible que pases por todo tipo de emociones. Es probable que estés triste, preocupado o asustado. Tus emociones pueden ser más intensas o más profundas que lo habitual, o estar entremezcladas.

¿Qué es el duelo?

El duelo es la reacción emocional, física y espiritual que experimenta una persona ante la muerte o pérdida de un ser querido.

Sin embargo, el duelo no siempre se relaciona con la muerte. Existen muchos tipos de pérdidas y no todas tienen que ver con la muerte. Una persona  también puede pasar por un proceso de duelo tras la ruptura de una relación íntima, por ejemplo. Y tampoco tiene que ver sólo con la muerte de una persona, la pérdida de una mascota puede provocar fuertes sentimientos de aflicción y ser dolorosa.

Enfrentar el duelo

Algunas personas se enfrentan al proceso de duelo de diferentes maneras.

Por ejemplo, unos buscan el apoyo de otras y encuentran alivio en los buenos recuerdos. Otras tratan de mantenerse ocupadas para alejar su mente de la pérdida. Algunas personas se deprimen y se alejan de sus amigos o evitan los lugares o situaciones que les recuerdan a la persona fallecida. A algunas personas, las puede ayudar hablar con otros de su pérdida. Algunas personas quizás no sientan ganas de hablar mucho del tema. En algunos casos, la gente canaliza su dolor haciendo cosas como beber, drogarse o autolesionarse para escapar de la realidad de una pérdida para aplacar el dolor, pero no está realmente enfrentando el dolor; simplemente lo está enmascarando, lo que hace que esos sentimientos se acumulen en el interior, prolongando el duelo. Si te ocurre esto, debes acudir a un profesional para que te ayude.

Qué esperar

Puede parecer imposible recuperarse después de perder a un ser querido. Pero la aflicción mejora gradualmente y se vuelve menos intensa con el tiempo, dura más en algunas personas que en otras.

Algunos consejos para superarlo

       – Recuerda que la aflicción es una emoción normal. La aflicción va a desaparecer con el tiempo.

       – Participa en los rituales. Los funerales y otras tradiciones ayudan a la gente a superar los primeros días y a honrar a la persona que falleció.

       – Reúnete con otros. Las reuniones informales de familiares y amigos ayudan a la gente a no sentirse tan aislada durante los primeros días.

       – Cuando puedas, habla de ello. A algunas personas les ayuda contar la historia de su pérdida o hablar de sus sentimientos.

       – Exprésate. Aun cuando no sientas deseos de hablar, encuentra maneras de expresar tus emociones y tus pensamientos. Comienza a escribir un diario sobre los recuerdos que tienes de la persona que perdiste y de cómo te sientes desde la pérdida.

       – Haz ejercicio. El ejercicio puede cambiar tu humor.

       – Aliméntate bien. Seguramente tengas deseos de saltear comidas o quizá no tengas hambre, pero tu cuerpo necesita comida nutritiva.

       – Únete a un grupo de apoyo. Debes recordar que no tienes por qué estar sólo con tus sentimientos o tu dolor.

       – Expresa y libera tus emociones. Si tienes deseos de llorar, no te reprimas.

       – Crea un memorial o un tributo. Planta un árbol o una planta en honor del ser amado.

Conseguir ayuda para un duelo intenso

Si tu dolor no disminuye después de un tiempo de la muerte del ser querido, es posible que necesites recibir ayuda, ya que si se prolonga podría convertirse la tristeza en depresión.

¿Cómo saber si el duelo está durando demasiado tiempo? Éstos son algunos de los síntomas:

       – Has estado de duelo durante 4 meses o más y no te sientes mejor.

       – Te sientes deprimido.

       – Tu dolor es tan intenso que sientes que no puedes continuar con tus actividades habituales.

       – Tu dolor está afectando tu capacidad para concentrarte, dormir, comer o socializar como lo hacías normalmente.

       – Sientes que no puedes continuar viviendo después de la pérdida, o piensas en el suicidio, la muerte o en lastimarte a ti mismo.

Si estás pasando por esto, la ayuda de un terapeuta profesional puede serte útil, porque te permite hablar de tu pérdida y expresar sentimientos intensos.

Es importante saber que el proceso de duelo es sumamente personal e individual y que con el tiempo se supera. No existe una manera correcta o incorrecta de hacer el proceso de duelo. Cada persona necesita su propio tiempo para encontrar alivio.

Vivir con dolor crónico

 El dolor es una experiencia aversiva muy común en nuestra vida. Se vive como desagradable y muy molesta, aunque tiene un papel biológico adaptativo, es decir, es una señal de alarma nos indica que algo no funciona como debiera en nuestro cuerpo. Se considera que hay dolor crónico cuando se padece éste más de cien días al año.

El dolor no es sólo un síntoma físico sino una experiencia compleja que influye en los factores fisiológicos y emocionales. Pensemos por ejemplo en un futbolista que durante un partido de fútbol recibe una entrada muy fuerte y es retirado por el entrenador; el futbolista se enfada y no entiende por qué su entrenador le retira del campo de juego ya que él quiere seguir jugando. Esto se explica porque no es que el futbolista no se haya hecho daño sino que su cerebro está enfocado en el partido y no en la experiencia de dolor. Con este ejemplo queremos ilustrar que la experiencia de dolor no depende únicamente de la intensidad de la lesión sino del contexto y del estado de ánimo. Por todo ello, se recomienda un abordaje al dolor multidisciplinar: médico y psicológico.

Los efectos del dolor crónico

El dolor crónico crea un impacto en la vida de la persona en todos sus ámbitos (personal, laboral, familiar, social). Genera una dramática reducción de su actividad, lo que provoca que la persona se vaya aislando. Este progresivo aislamiento hace que la persona se sienta cada vez más sola e incomprendida. A su vez, esto hace que la persona ponga toda su atención en su dolor, lo que hace que la percepción de éste sea cada vez mayor.

La persona convierte al dolor en el centro de su vida y comienza pensar en la causa del dolor, su curso y sus consecuencias; esto deriva en pensamientos catastrofistas del tipo “soy un inútil”, “así no puedo vivir”, etc.

El tratamiento psicológico se enfoca a:

  • Educar sobre el dolor
  • Aumentar la percepción sobre el dolor
  • Dar un nuevo significado al dolor

Si tienes dolor crónico no dudes en acudir a un psicólogo ya que podrá ayudarte a entender y a afrontar tu dolor.

No sé cómo dejar de sentirme mal: la mala regulación emocional

Hola a tod@s de nuevo!

Antes de comenzar una nueva semana queremos reflexionar acerca de diferentes estrategias que utilizamos a menudo para intentar sentirnos mejor, pero que en realidad lo único que hacen es que nos sintamos igual de mal o incluso a veces mucho peor.

Cuando nos sucede algo malo muchas personas tienen tendencia a pensar sobre lo sucedido, sobre lo que podían haber hecho, sobre lo que el otro dijo y sobretodo piensan acerca de lo mal que se sienten. Creen que a través de darle vueltas a todo esto van a sentirse mejor pero lo único que hacen es sentirse igual de mal. Esta estrategia nociva recibe el nombre de rumiación.

La siguiente estrategia que se utiliza a menudo es la supresión o no expresión de las emociones. Muchas personas tienden a guardarse lo que están sintiendo, sin embargo, esto no significa que la emoción desaparezca ya que la emoción se da pero no se exterioriza teniendo unos efectos nocivos para la salud; por ejemplo, el guardarse el enfado aumenta la probabilidad de padecer un trastorno cardiovascular.Es importante compartir con los demás lo que nos sucede, el mero hecho de contarlo hará que nos sintamos mejor.

Muchas otras personas tienden a fumar, beber o comer en exceso porque piensan que se sentirán bien o que evitarán la situación que les hace sentir mal, como en el caso de beber. Estas estrategias de modificación de conducta tienen claros efectos en la salud pudiendo desencadenar en muchos casos en otros problemas como la dependencia al alcohol, la bulimia o la sobreingesta compulsiva, entre otros.

Es importante ser conscientes de cuándo nos sentimos mal (enfadados, tristes, angustiados, con ansiedad, etc.) y tratar de relajarnos para poder afrontar la situación de la mejor forma posible. Nuestro consejo es intentar analizar la situación que nos preocupa y nos angustia para poder encontrar una solución; para ello es necesario que toméis distancia y analicéis pormenorizadamente la situación (qué, cómo, cuándo, por qué, etc.).

Si realizáis habitualmente alguna de las estrategias descritas no dudéis en consultar con un profesional, ya que es el que mejor os podrá aconsejar sobre cómo modificar vuestra forma de afrontar los problemas.

 

Los problemas de los demás son mis problemas: la sobreimplicación emocional

Hola!

El tema de nuestro post de hoy es la sobreimplicación emocional. Muchos de nuestros lectores conocerán a alguna persona que tiende a sobreempatizar y hacer los problemas de los demás propios. Esto se convierte en un problema en cuanto la persona sufre de forma constante  por los asuntos de otras personas, llegando en algunos casos a obviar sus propios problemas.En muchas ocasiones no sólo se tratan de problemas de otras personas, sino de problemas que surgen en determinados entornos donde no sólo dependen de nosotros (por ejemplo problemas en el ámbito laboral).

En la mayoría de los casos lo que está detrás de esta sobreimplicación es una búsqueda constante de reconocimiento de los demás y/o un extremo perfeccionismo. La persona busca que los demás le “premien” mediante elogios para mantener su autoestima, ya que por regla general suelen tenerla bastante baja. En muchos casos piensan que sólo ellos van a poder solucionar la situación.

¿Qué podemos hacer para evitar la sobreimplicación emocional?

  • Evaluar qué subyace a nuestros comportamientos de sobreimplicación: ver qué pensamos cuando nos sobreimplicamos (por ejemplo “mi deber es ayudar siempre a los demás”; “si no ayudo los demás pensarán que no soy buena persona”, etc.)
  • Establecer unos límites entre nuestra vida y la de los demás
  • Analizar qué pensamos sobre la situación: ver si creemos que sólo nosotros podremos solucionarlo o si la situación sólo depende de nosotros.
  • Pensar qué consecuencias tienen nuestras acciones: evaluar qué hacen los demás por nosotros, qué conseguimos actuando así, qué consigue el otro, etc.

Si realmente queremos ayudar a los demás es importante mantenerse objetivo y no sufrir por el otro, ya que de esa forma será más difícil aportar una solución. Si os encontráis en una situación similar no dudéis en consultar a un profesional ya que os podrá ayudar a dejar de sufrir por los demás.

 

Aprendiendo a relajarnos…la respiración diafragmática

Hola a tod@s!

Queremos dedicar el post de hoy a muchos de los estudiantes que pronto tendrán que enfrentarse a los temidos exámenes. Aún así, este post puede venir bien a todos aquellos que tengan dificultades para relajarse ante situaciones que les generan ansiedad.

Una técnica muy sencilla y que da muy buenos resultados es la respiración diafragmática. A la hora de practicarla es importante estar con ropa cómoda y saber que tenemos algo de tiempo para poder realizar su práctica de forma adecuada.

Para empezar con esta técnica solemos recomendar su práctica en posición tumbada ya que facilita la relajación de la zona abdominal. Se puede practicar tanto con los ojos cerrados como abiertos, aunque al principio cerrar los ojos puede ayudar a concentrarse en la respiración. Comenzaremos la técnica con un suspiro fuerte; esta espiración facilita que se relajen los músculos del diafragma sintiendo una gran sensación de alivio. Posteriormente, cogeremos aire por la nariz (inspiración), lo retendremos unos segundos y luego lo soltaremos por la boca muy despacio (espiración). Es importante que vayamos aumentando el volumen de aire a medida que realizamos el ciclo inspiración-espiración, para acabar la práctica de la técnica con el mayor volumen de aire posible. Repetiremos el patrón inspiración-espiración al menos durante cinco minutos y siempre muy despacio.

Con esta técnica no sólo es importante regular la respiración sino focalizarse en ésta. Hay personas a las que le funciona bien imaginar que tienen un globo en su abdomen e imaginar como se hicha y se deshincha con la inspiración y espiración; si bien es verdad hay otras personas a las que esto no les funciona. Por ello, es importante realizar una práctica diaria e ir viendo aquello que mejor le funciona a cada uno.

Recomendamos iniciar esta técnica y otras de relajación bajo la supervisión de un profesional, aún así os animamos a practicar esta técnica, ya que la práctica es fundamental si queremos que la respiración diafragmática se convierta en un recurso personal más.

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Dependencia emocional: no puedo vivir sin…

Hola de nuevo!

Hoy queremos hablaros sobre un tema que afecta a muchas personas: la dependencia emocional. Este fenómeno suele producirse dentro de una relación de pareja pero puede darse en cualquier otro tipo de relación (familiar o de amistad, por ejemplo).

¿Qué características tiene una persona emocionalmente dependiente?

–   Baja autoestima: las personas con dependencia emocional tienen una mala valoración de sí mismos.

–   Necesidad excesiva de ser aprobados por los demás: conceden excesiva importancia a lo que piensen o digan los demás sobre ellos. Las opiniones de los demás influirán de forma crítica en su forma de actuar y/o pensar.

–   Miedo irracional al abandono: piensan que si la otra persona les abandona no lo podrán superar. Creen que la persona de la que dependen emocionalmente es irremplazable.

–   Anteponen las necesidades de los demás a las suyas propias: Hacen todo lo que la persona de la que dependen emocionalmente les pide. Creen que de esa forma conseguirán su cariño y su atención de forma incondicional y evitarán el indeseado abandono.

El principal objetivo de las personas con dependencia emocional es sentirse queridos por los demás, por ello, realizarán cualquier cosa con tal de vivir esa experiencia y evitar lo que para ellos sería lo más traumático: la ruptura de la relación o el abandono.

¿Cómo se comporta un dependiente emocional en la relación de pareja?

-Control excesivo del otro: la persona dependiente necesita saber en todo momento qué está haciendo su pareja. Si no puede contactar con su pareja entrará en  un estado de ansiedad, viniéndole a la cabeza pensamientos catastrofistas del tipo “ya se ha cansado de mí”, “se ha enfadado conmigo”, “ya no me quiere”, etc.  Son conductas típicas registrar la cartera, el móvil, mirar en la cuenta de correo electrónico, etc. En estas conductas existe un trasfondo de desconfianza y celos de que pueda existir otra persona por la cual pudieran ser remplazados y abandonados.

-Demandará atención excesiva de la pareja: la persona dependiente necesita estar en todo momento con su pareja. En ciertas ocasiones se busca una relación exclusiva, apartando a esa persona de su círculo (familia y/o amigos); siendo el objetivo principal evitar el temido abandono.

-Antepone las necesidades de su pareja a las suyas propias: la persona emocionalmente dependiente hará cualquier cosa por su pareja, ya que piensa que de esa forma será merecedor/a del amor incondicional del otro.

-En caso de que se produzca ruptura se vivirá como un suceso traumático con sentimientos excesivos de culpa y pensamientos del tipo “no hice lo necesario por la relación”, “tenía que haber dado más”, “no me he sacrificado lo suficiente”, etc.

        Es importante detectar este problema de forma temprana porque la persona emocionalmente dependiente acaba en una espiral de sufrimiento, ya que buscan de forma constante la aprobación y el cariño del otro sin tenerse en cuenta a ellos mismos. En el peor de los casos llegan a renunciar a su vida cotidiana (trabajo, estudio, amigos, familia) por estar con su pareja el mayor tiempo posible.

¿Cómo abordamos este problema en terapia?

        Hay que trabajar varios aspectos:

  1. Autoestima: la persona tiene que aprender a valorarse. Tiene que saber qué aspectos positivos tiene y qué aspectos negativos puede mejorar a partir de los positivos. La persona aprende que realiza cosas útiles al margen de su vida de pareja y que son muy importantes y necesarias para su bienestar y el de los demás.
  2. Asertividad: la persona tiene que aprender a saber decir “no”. La persona aprende a defender sus derechos de forma asertiva respetando los de los demás; de esa forma, deja de anteponer sus necesidades a las de la otra persona.
  3. Patrón de pensamiento para ajustarlo a la realidad: se enseña a la persona a pensar de una forma que se corresponda con la realidad; por ejemplo, que al no cogerle el teléfono piense “estará ocupado” en lugar de “ya no me quiere”. Asimismo, se trabaja con el miedo irracional al abandono.
  4. Control emocional: se enseña cómo gestionar sus emociones negativas, especialmente tristeza y ansiedad.

Si estás pasando por una situación similar, no lo dudes, pide ayuda! Lo más importante es tu bienestar.

Cuando sentimos que el estrés nos consume y no podemos más…

A veces, pasamos por periodos de nuestra vida en los que parece que se nos acaban las fuerzas y no podemos más. Esto sería debido a diferentes estresores cotidianos que inciden sobre nuestra salud poco a poco, es el denominado estrés.

El estrés depende de varios factores y de su interrelación entre ellos. Para que se dé una respuesta de estrés tiene que haber un agente estresor interno o externo lo suficientemente elevado e importante. A su vez, el estímulo debe ser percibido como una amenaza desde el punto de vista subjetivo de la propia persona, y por último, se ha de carecer de los medios para hacer frente a la posible amenaza con soltura y comodidad.

Dependiendo de estos tres factores un determinado agente estresor podrá provocar diferentes respuestas positivas o negativas: de placer, incomodidad, ansiedad, miedo ó pánico, entre otras.

Si el estímulo es percibido como un agresor y se mantiene durante un periodo de tiempo, el cuerpo responde frente a un peligro y pasará por varias fases: las fases de alarma, resistencia y agotamiento.

En cada fase se producirán los efectos negativos que sobre el organismo tiene el exceso de estrés acumulado cuando éste se mantiene en el tiempo más allá del propio nivel de adaptación de la persona.

Pero, ¿en qué consiste cada una de estas fases por las que pasamos cuando estamos siendo víctimas de un proceso de estrés?

En primer lugar, la fase de alarma llega cuando el cuerpo se da cuenta de que está sufriendo una amenaza inmediata y real y se defiende de ésta. El cuerpo responde a esta amenaza incluso sin que seamos conscientes de ello, y nos prepara para enfrentarnos a él con todas nuestras fuerzas. En esta fase el cuerpo se prepara a para la lucha o la huida ante el peligro. La lucha o la huida quemarán las energías y si todo salió bien, el cuerpo se recuperará con normalidad de este esfuerzo.

El inconveniente de esto es que una reacción ante una amenaza repetida en un gran número de veces por estresores menores, exige al cuerpo a someterse a una carga forzada de forma continua que no exenta de riesgos, por pequeño que sea el estresor, ya que el cuerpo lo va acumulando.

En segundo lugar, la fase de resistencia se da cuando la fase de alarma se repite reiteradas veces o se mantiene en el tiempo. Ante esto, el cuerpo reacciona adaptándose al esfuerzo que está sufriendo, como por ejemplo, vivir en un piso con vecinos ruidosos diariamente. En este caso, si no puede hacerse nada para volver al equilibrio normal, el cuerpo termina adaptándose a la situación dada, aunque esto tiene consecuencias, una sobrecarga en el cuerpo por haberle sacado del equilibrio en que se encontraba tan cómodo. Ante esta situación, el cuerpo sigue funcionando pero no de la misma manera que antes ya que estamos llevando una sobrecarga sobre nuestro cuerpo, que aunque nos adaptemos al nuevo esfuerzo, esto va incidiendo sobre nuestra salud poco a poco, incluso sin darnos cuenta muchas veces o considerándolo normal.

¿Qué efectos puedo notar cuando me encuentro en esta fase de resistencia?

•   Dolores de cabeza ocasionales, que se repiten poco a poco más a menudo

•   Una fatiga crónica que no parece desaparecer con el reposo, antes si lo hacía.

•   Problemas circulatorios, pesadez en las piernas, varices quizás.

•   Contracturas musculares en cuello, dorso y zona lumbar, que no ceden descansando.

•   Pérdida ocasional de memoria, que aumenta y me irrita al principio.

•   Dolores de estómago, problemas para hacer la digestión, estreñimiento.

•   Tics nerviosos.

•   Dificultad para dormir, o descansar.

•   Aumento de las adicciones, comida, bebida, tabaco.

•   Falta de concentración.

•   Pesimismo.

•   Sensación de fracaso

Y, por último, después de todo este proceso, llega la fase de agotamiento. Ésta se da cuando llega un momento en que el cuerpo no puede continuar más con el esfuerzo que está ejerciendo, tras la resistencia continua a la que está siendo sometido, ya que las energías se agotan. El equilibrio interno de la persona después de estar siendo amenazado durante un largo periodo de tiempo, se rompe. Debido a esto, el sistema inmune se ve afectado, al igual que disminuye la capacidad de resistir a los agentes patógenos de cualquier tipo, nuestra salud se resiente, incluso dando lugar a la aparición de una enfermedad.

Por ello, es muy importante identificar, cuanto antes, si estamos pasando por un periodo de estrés y tratarlo, principalmente cuando nos vienen los primeros síntomas en la fase de alarma, antes de llegar a la fase de agotamiento, puesto que la recuperación será mucho más tardía, incluso pudiendo dejar secuelas en nuestra salud como: Hipertensión, úlceras, infarto, cáncer, infecciones, etc.

 

Cuando nuestro cuerpo habla lo que el alma calla

Lo que sentimos tiene una gran influencia sobre nuestra salud. En muchas ocasiones nuestro cuerpo manifiesta a través de diferentes enfermedades lo que nuestro alma intenta ocultar.

Las emociones negativas, especialmente la tristeza, la ira o la ansiedad pueden socavar nuestra salud física y mental ¿Hay que vivir entonces sin emociones negativas? La respuesta es NO. Todas las emociones, tanto las positivas como las negativas son necesarias en nuestra vida diaria…es lógico que nos enfademos si algo no sale como esperamos o nos pongamos tristes si algo o alguien nos hace daño; el problema viene cuando seguimos sientiéndolas de forma sostenida en el tiempo. Así, se ha demostrado el efecto de la ira sobre nuestro sistema cardiovascular o el efecto de la tristeza o la ansiedad en una peor recuperación de una enfermedad.

Las emociones positivas parecen ser un factor protector ante las enfermedades, por ello es importante que las potenciemos. Tal y como señala Fredrickson (investigadora sobre salud y emoción) es importante vivir con emociones positivas y gestionar adecuadamente las negativas para garantizar una adecuada salud física y psicológica.

Tratamiento con Fármacos vs. Tratamiento Psicológico

Hola de nuevo!

Desde PsicoVitale queremos reflexionar sobre el tratamiento farmacológico. Muchos de nuestros pacientes nos han preguntado en qué consiste y qué diferencia hay con la terapia psicológica; por ello, vamos a abordar estos temas a lo largo de este post.

El tratamiento con fármacos utiliza diferentes medicamentos y consiste en un tratamiento sintomático, es decir, sirve para tratar los síntomas, que suelen ser los indicadores de que existe un problema, es decir, son aquellos aspectos que nos alertan que algo va mal.

Pensemos por ejemplo en una persona que describe su problema como taquicardia, insomnio, dificultad de concentración; la medicación que esta persona recibiría estaría enfocada a disminuir o eliminar la presencia de esos síntomas….pero ¿ha desaparecido el problema? La respuesta es claramente NO.

Vamos a pensar en otro ejemplo que puede ser más claro: una persona acude al médico con su brazo roto. El médico al preguntar por los síntomas el paciente señala sentir dolor en el brazo y dificultad para moverlo. Si el médico recetase un analgésico para el dolor el síntoma desaparecería pero el problema seguiría ahí…el brazo sólo dejaría de estar roto mediante otro tipo de tratamiento. Conclusión: La medicación sirve para tratar los síntomas pero no el verdadero problema.

Es cierto que en algunas situaciones la medicación puede ser necesaria para facilitar la adherencia al tratamiento psicológico, es decir, para que sea más fácil trabajar en terapia. La medicación debe considerarse por tanto como una “muleta” aunque si queremos solucionar el problema es necesario el trabajo personal,  tanto dentro como fuera de terapia.

Esperamos que este post haya sido de vuestro interés!